El Viejo del Saco

Anda por los cerros malévolo, de aspecto abandonado, ropa sucia, pelo en desorden. Porta en su espalda un saco de arpillera, viejo para guardar allí a los niños que se roba. Su única intención es pegarles y obligarlos a trabajar hasta que mueran, aunque en ocasiones se los come.

 

Es el antónimo del viejo de pascua, sucio, malo, cruel y terrible con los niños. Su felicidad consiste en consumar sus raptos infantiles y castigar a los pequeños con una guasca o con una correa. Los padres o los tíos pueden llamarlo si quieren deshacerse de un desobediente, y gustoso va. No valen con él los maldadosos, ni los contestadores: a golpes los maneja sin piedad con su corazón lleno de verdadero y genuino odio

 

Si viene hay que huir de inmediato, aunque uno vayas ganando diez monitos de los difíciles, porque el poder del viejo es tan grande, tan, que hasta los carabineros y los papás lo dejan tranquilo cuando lo ven. Es muy malo

 

Fuente: Valparaíso: El mito y sus leyendas, pág. 26. Víctor Rojas Farías (Texto adaptado).

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